Mis años con Hugo Chávez

Por @gjrflamerich

La única vez que vi a Hugo Chávez en persona fue en su féretro. De un tono grisáceo, hinchado, algo aplastado y la textura de su rostro como una escultura de arena. Reposaba con su casaca militar verde oliva, la boina roja y una tela del mismo color –en la parte superior de su abdomen– con la palabra: milicia. No parecía el hombre que durante dos décadas había marcado la vida nacional con su fuerte discurso, insultos, cantares, con el Cristo en las manos y las arengas violentas.

Su cuerpo era una figura inmóvil que no irradiaba nada. El esperar para verlo durante segundos fue de seis horas. Afuera, el ambiente era de propaganda, sentimientos sinceros, una porción de curiosidad y otra de faranduleo. Seis horas acompañado con el repertorio musical construido por la revolución bolivariana, y la omnipresente «Patria querida». La última melodía presidencial y obertura de la campaña a favor de Nicolás Maduro.

Hugo Chávez fue un hombre de rituales siempre conectados con la preservación de su imagen en la memoria histórica. Hasta la propia cadena del 8 de diciembre de 2012 –la cual ya sabemos fue su despedida– estuvo cargada por el simbolismo y el dejar en claro los puntos esenciales para la permanencia en el poder de un proyecto más personal que ideológico. Morir al mando trae consigo funerales espectaculares al estilo del cuento de García Márquez, Los funerales de la Mamá Grande, pero eso no construye una imagen idealizada eterna, la cual debe afrontar el juicio histórico y algo peor y muy latente en Venezuela, el olvido.

Algo recuerdo de la campaña presidencial de 1998. Tenía siete años. Era emocionante vivir una primera elección. Las marionetas del programaMuñecotes; las entrevistas de La Silla Caliente con Oscar Yánes; el auge del discurso patriótico; el discurso pragmático y la desesperación de los sectores tradicionales; el apodo de Frijolito que recibió Salas Römer; la mujer adeca que en una cuña se declaraba chavista y la grabación que los adecos presentaron de un Chávez listo para «freírlos en aceite hirviendo».

El 2 de febrero de 1999 me ausenté de mi salón del segundo grado para aparecer en la sala de video del colegio, donde los del sexto analizarían la toma de posesión presidencial. Allí pude escuchar la palabra moribunda antes de constitución y el comienzo de una presidencia tan larga que marcó la niñez, la adolescencia y temprana adultez de mi generación. Ese año se le dio punto final a la constitución de 1961 y un desastre natural acabó con el Castillete de Armando Reverón, parte de una de las mayores tragedias naturales ocurridas en el país. La que vivió el estado Vargas en aquel diciembre.

Para Hugo Chávez esos primeros meses deben haber significado vivir un sueño. Eso que había anotado en su diario sobre alguna vez regir los destinos de su país, era ahora realidad. Los dos primeros años fueron de viajes por el mundo, darse a conocer, de vivir lo insospechado y de prometer un país refundado. Pero su imagen era la de un político popular convencional, sin esa semejanza con lo celestial que intentan crear con su muerte.

Desde finales de 2001 y hasta 2004 el sueño que vivía parecía haber terminado. La incompetencia, los primeros casos de corrupción, la terquedad y el discurso de división, así como un acercamiento más allá de lo normal con Fidel Castro, casi lo sacan del poder. Pero quizás con la suerte que siempre lo acompañó, pudo salir de todo ello y llegar a un 2005 pleno, ejercitándose en Sao Paulo, presto a vender las Misiones traídas de La Habana,  burlándose de un desprestigiado George W. Bush y con un nuevo triunfo en diciembre de 2006: la reelección por seis años más.

En el 2007 el cierre de RCTV, el Movimiento Estudiantil y la pérdida de la Reforma Constitucional le dieron un año «de mierda», como él se expresó sobre la victoria de la oposición. Pero en 2009 logró la reelección indefinida. Su propósito de gobernar hasta el 2021 y más allá, se acercaba. Con el control de los poderes públicos, de los recursos de la renta petrolera, las fuerzas armadas, de la mayoría de medios, la minimización de la oposición, financiamiento de movimientos afines en la región y cierta notoriedad internacional, cualquier problema básico del país: servicios públicos, seguridad, alto costo de la vida, falta de productividad, parecía ínfimo ante un proyecto continental. El cual debería llevarlo a la gran historia, esa formada por coronas de laureles.

Pero lo venció el enemigo más pequeño. El no cuidarse, el no descansar, el dedicarse por completo a construir su legado personal y la ambición de más poder, lo llevaron a una larga y penosa enfermedad. Con la cual no cabe duda que sufriera. De esta pueden surgir tantas leyendas y rumores como personas hay en el mundo. Desde el castigo divino hasta la inmolación, lo cierto es que la ambición lo llevó a seguir y no dar pausa, a dar el resto y de vivir su última elección desde el más allá. Porque el 14 de abril es la última elección de Chávez, su último adiós.

El lunes 11 de marzo, momentos antes de la inscripción de Nicolás Maduro ante el Consejo Nacional Electoral, cerca de una venta de dulces y un centro de llamadas improvisado –en Bellas Artes– un niño jugaba con dos muñecos. Uno de ellos era el vaquero Woody de Toy Story, sin su sombrero; el otro, la figura de acción de Hugo Chávez, sin su boina. Él los enfrentaba como en la lucha libre. Por un momento intentó quitarle la ropa al muñeco del extinto Presidente, pero el señor que estaba junto al niño lo impidió. Poco tiempo después el niño volvió a su faena de juegos. Woody arrastraba la figura de Chávez, lo tiraba al suelo.

Varias personas que pasaron vieron el hecho como sacrilegio, el niño estaba inmutable en su juego. Quizás así estamos los venezolanos de hoy en día, imbuidos en el juego de la cotidianidad. Sin conocer en cuál proceso histórico estamos realmente inmersos. Sin saber si lo ocurrido en estas décadas es el mero trámite para una etapa de cambios mayores para nuestra sociedad.

Original en http://ramosflamerich.wordpress.com/2013/03/18/perfiles-mis-anos-con-hugo-chavez/

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